YO NENA, YO PRINCESA.

La historia de la niña trans más joven del mundo en haber obtenido un documento de identidad acorde a su identidad de género autopercibida.

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El país austral es un ejemplo a nivel mundial. Gracias a la gestión de las organizaciones LGBTIQ y al apoyo del gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el país cuenta con dos de las leyes más importantes e imperativas para nuestra comunidad: la Ley de Matrimonio Igualitario en 2010 y la Ley de Identidad de Género sancionada en 2012.

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Shiloh, hija de Angelina Jolie y Brad Pitt, se suma a la lista de niños trans del mundo que fueron escuchados a tiempo por sus padres.

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Luana no está sola. En el mundo existen muchísimos casos sobre niños y niñas transexuales que cuentan con el apoyo de sus padres. Como el de Jesie Romero en Estados Unidos.

Gracias a estas leyes y a una sociedad cada vez más inclusiva e igualitaria, Luana o Lulú, como le dicen en casa, de siete años de edad, puede decir que es una nena con mucho orgullo y altivez.

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Gabriela contando su experiencia en una conferencia en la Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Su madre, Gabriela Mansilla, es todo un ejemplo. En contra de todos los pronósticos luchó incansablemente por comprender y acompañar la verdad de su hija y desde sus cuatro años le ofreció amor, apoyo y contención.

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Es madre soltera porque el padre de sus dos hijos los abandonó tras su decisión de apoyar a Luana en un proceso de transformación que cuenta con psicólogos especializados y un grupo familiar incondicional.

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Gabriela, mamá de Lulú, recibiendo el documento nacional de identidad, en compañía de César Cigliutti, Presidente de la CHA.

Gabriela es una mujer de barrio. De clase baja. Luchadora y guerrera. Nunca antes había escuchado sobre transexualidad y estaba poco familiarizada con la lucha inquebrantable de la Comunidad Homosexual Argentina -CHA-, la organización LGBTIQ más importante del país con una trayectoria de treinta años, a quien acudió desesperada.


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Su historia es un mensaje de amor al mundo. Antes de iniciar su transición, Luana no durmía. Lloraba todo el día. Sufría de inexplicables alergias tópicas. Vivía nerviosa, triste y odiaba su ropa de niño y su uniforme de varón para el jardín de infantes. Se escondía y jugaba con la ropa de su mamá. Cualquier trapo era pelo largo en su cabeza. Rechazaba sus autitos y pedía muñecas. Le decía a todos que no era un niño, que era una niña y quería tener nombre de princesa. Sus primeras palabras fueron: “Yo nena, yo princesa”. No respondía a su antiguo nombre masculino, quería que la llamaran Luana.

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Su madre acudió a psicólogos que le recomendaron una infame terapia de choque: firmeza, autoridad paterna, incluso golpes, hasta que “entendiera” que había nacido varón y tenía que comportarse como tal.

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Autorretrato de Luana cuando contaba con cuatro años de edad.

Pero el instinto materno pudo más y hoy Luana es atendida por un grupo de psicólogos liderado por Valeria Paván, la Coordinadora del Área de Salud de la CHA y del Centro de Salud Mental Cooperativo  Ático. Desde la CHA, organización mítica por sus fallos y leyes a favor de la comunidad LGBTIQ en Argentina, lograron que el gobierno le otorgara el documento de identidad, con la identidad de género autopercibida.

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Libro “Yo nena, yo princesa” de Gabriela Mansilla. Ya va por la segunda edición.

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Gabriela Mansilla presentando su libro en la 40ta Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Desde ese entonces, Gabriela Mansilla, esta madre coraje argentina, escribió el libro “Yo nena, yo princesa: Luana, la niña que eligió su propio nombre” publicado por la editorial de la Universidad Nacional de General Sarmiento, una suerte de diario para no olvidarse de cómo su hijo Manuel se fue convirtiendo en Luana y definitivamente una mensaje de aprendizaje, de crecimiento social de lectura obligada.

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La cineasta María Aramburú y la psicóloga de Luana, Valeria Paván dela CHA, dirigieron el documental: “Yo nena, yo princesa” que le está dando la vuelta al mundo en distintos y prestigiosos festivales de cine.

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Luana leyendo en su cuarto. Su rostro no puede salir en los medios por motivos legales.

Hoy Luana, es una feliz niña que transita sus primeros pasos por la escuela primaria en compañía de su hermano mellizo –quien es su guardián y la defiende a muerte-, y Gabriela, su madre, entre la venta de comida rápida y las conferencias en universidades e instituciones sigue luchando por el futuro de sus hijos, uno donde los y las niñas transexuales tengan los mismos derechos que todos sus compañeritos de clase.

Autor: crestrepo

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